Entré al cementerio y comencé a buscar a Dios entre la multitud que despedÃa a una vÃctima más del crimen enmedio de lamentos y gritos de dolor. Pensé que podrÃa estar escondido esperando el momento oportuno para calmar el sufrimiento de los deudos, o repartiendo un bálsamo para el dolor en la entrada del cementerio, pero no lo vÃ.
Le dà el beneficio de la duda y pensé que podrÃa estar ayudando a alguien más que podrÃa necesitarlo, enseguida lo descarté porque me acordé que me habÃan enseñado que es omnipresente y no tendrÃa ningun problema en estar allÃ, donde más lo necesitaban.
Definitivamente no estaba con el finado al momento de su muerte, de ser asà no estarÃa dentro de un ataud esperando ser enterrado, estarÃa en su casa disfrutando de su familia y ocupado pensando en sus negocios, seguramente frente a una taza de café y quejandose del calor de junio.
Algo malo estaba pasando porque no veÃa a Dios por ningun lado, la expresión de dolor de la gente me hacÃa sentir que estaba buscando algo que nunca encontrarÃa, pero no quise descartar tan rápido la posibilidad de encontrarlo, asi que pensé: “Si no esta aquà seguramente esta ocupado haciendo algo para evitar que esto pase nuevamente” si permitir el mal es pecado y Dios no puede pecar, entonces definitivamente tiene que estar haciendo algo por evitarlo. Pero cuando estaba por convencerme de que esa era la razón por la que no lo veÃa, comencé a pensar en los millones de problemas de todas las personas y lo imposible que le resultarÃa a Dios ayudarles a todos. “completamente ilógico” pensé esta vez, lo razonable es que cada uno sea su propio salvador y se ayude a si mismo, asà que no podrÃa estar ayudando a todos al mismo tiempo, era imposible. Me enseñaron que Dios es omnipotente y que nada hay imposible para él, excepto pecar, mentir y otro puñado de cosas que solo los humanos hacemos, pero cuando pensé que Dios podrÃa estar viendo el sufrimiento de la gente sin hacer nada lo descarté, no era lógico.De repente, cuando salà del cementerio se me ocurrió donde podrÃa estar. ¡Claro, cómo no se me ocurrió antes!, definitivamente estaba en la iglesia. Un vago recuerdo de una enseñanza de la escuela dominical me vino a la mente: “La iglesia es la casa de Dios” era lógico pues, que estuviese en su casa, descansando. El problema ahora era saber en que iglesia estaba. Si estaba en la congregación evangélica no podrÃa estar en la catedral, pues ya habÃa descartado la omnipresencia de Dios anteriormente. Caminé un poco más y vi un edificio viejo y pintado de blanco con una campana y una gran cruz en la fachada.
-¿y si de verdad estaba all�
Empuje la inmensa puerta de madera que se abrió con un agudo lamento, caminé unos pasos hacia el lugar donde esperaba encontrarlo y cuando llegué levanté la vista y lo và inmóvil y clavado en una cruz sin moverse, no era exactamente lo que esperaba encontrar, pero supuse que era lo que buscaba, lo miré fijamente y sólo alcancé a preguntar:
-¿Porqué?
El silencio fue la respuesta, salà lentamente a la calle, pensando en el tiempo que habia perdido. Definitivamente no lo encontré.