Señora Muerte
La muerte para los hondureños es una compañera de jornada. Hemos convivido tanto con ella que ya casi pasa desapercibida. Canal 6 con su amarillismo se ha encargado de familiarizarnos tanto con ella que no se si agradecerles por eso. La vemos en el periódico, en la televisión, escuchamos a la gente hablar de ella, algunos la ven todos los dÃas, otros la ven de vez en cuando
y todos los dÃas son muchos los que la encuentran. La forma más común de verla en estos dÃas es enmedio de un charco de sangre en la portada de La Prensa.
Pero cuando de buscarla se trata, la forma más fácil de encontrarla es caminando en la calle, para más efectividad uno debe llevar el celular visible en la cintura y si es posible un par de cadenas de oro (o de fantasÃa, eso no importa mucho), unos tres anillos y una pulsera. No importa que no llevemos dinero en la cartera, eso es opcional. Antes era más fácil encontrarla en barrios populares como Cabañas, Sunceri o Medina, pero últimamente se le ha visto en Guamilito, Jardines del Valle, Los Andes e incluso en la Trejo trabajando horas extras.
Hay quienes la encuentran en su misma casa, mientras estan sentados, sin buscarla ella llega y entra como que si siempre ha vivido allÃ. Puede ser que llegue acompañada de un asaltante, con alguna enfermedad en la mano o haciendose llamar “accidente”. De cualquier forma si entra en la casa no hay muchas formas de burlarla. Su trabajo puede ser inmediato y no durar más de
un par de minutos mientras una bala se encarga de ahogar en sangre al escogido. Si es una enfermedad la cosa no cambia mucho, para ella el tiempo junto con las enfermedades son amigos que solo ayudan a prolongar la agonÃa, ella no se mueve, espera pacientemente hasta que llega el momento y entonces se va, pero no con las manos vacÃas.
En Honduras la muerte actua un poco más justa que el sistema judicial; aunque normalmente no encontremos justificación para llevarse a alguien, lo cierto es que ella siempre tiene una razón. Lo interesante del caso es que muchos tratan de buscarle relación con su dios y cuando lógicamente no la encuentran terminan en un suspiro de resignación acompañado de la gastada
frase: “Dios se lo quiso llevar”. ¡cómo me gustarÃa pegarles una bofetada y gritarles que se murió porque estaba enfermo o porque le pegaron un tiro o porque fue un accidente o lo que sea, pero no porque Dios se lo quiso llevar!, es la muerte quien se lleva a las personas, no los dioses.
Ella es una señora que se mueve por igual en las mansiones de El Pedregal como en las covachas de cartón de los bordos. Le da igual un recien nacido que un anciano, un hombre que una mujer, incluso los animales y las plantas la conocen. Pero en Honduras por alguna razón tiene cierta preferencia por el pobre pueblo pobre, le da igual llevarse a alguien con alguna enfermedad (no
necesariamente incurable) o acompañado de mucho alcohol. También se cuela en las cantinas, buses, callejones o en cualquier lugar que le de la gana.
Simplemente se lleva lo que quiere sin mucho trabajo. Pero si se trata de alguien con dinero su modus operandi cambia un poco. Puede ser con un infarto o bien puede ser con una lluvia de plomo de algun narco.
La muerte se siente, se puede ver a veces e incluso olerla. Sabemos que la tenemos enfrente porque casi siempre provoca una sensación que dificilmente se nos olvida. Es extraño que siendo algo tan natural no nos acostumbremos a ella. Muchos dicen no tenerle miedo pero pocos pueden realmente decirlo con propiedad sino es después de haberla encontrado y burlado. Muchos le han puesto apodos, eufemismos macabros como “la pelona” o “la parka” o “la huesuda” pero sigue siendo la misma fria y poderosa muerte.
Si algún dÃa pudiese hablar con ella le preguntarÃa una sola cosa: ¿llevas la cuenta?


