De contextura fuerte, baja estatura, piel quemada y pelo negrÃsimo. Su pequeño y compacto cuerpo no compensa el coraje que tiene. En sus ojos hundidos y oscuros se puede leer toda su historia, pero que se escucha mejor cuando el mismo la relata con ese acento tan caracterÃstico de los mexicanos.
Hace ocho meses decidio venirse al otro lado. Su razón no era otra más que el hambre y su motivación sus cuatro hijos. Regresar no era una opción y ni el rio ni el desierto le hicieron darse por vencido. En su primer intento, él y 15 personas más cruzaron el Rio Bravo a nado arriesgandose a morir ahogados. Durante horas lucharon contra la corriente y contra la muerte hasta que la migra los alcanzó y empezaron a llover balas. Los arrestaron y los golpearon antes de devolverlos a México.
De regreso por donde empezaron decidieron intentarlo de nuevo por el temido desierto. Con la mitad de las provisiones y las posibilidades de llegar al otro lado reducidas también a la mitad, se aventuraron por el camino más difÃcil, pero con menos probabilidades de ser atrapados por la migra. Caminaron hasta que los zapatos se gastaron y las piernas se les acalambraron. Cada vez que escuchaban un avión corrian a esconderse en cualquier agujero para que no los vieran y los atraparan de nuevo. Entre serpientes, coyotes y cadáveres lograron cruzar el desierto y llegar exhaustos a California. Descansaron durante varios dÃas en el refugio clandestino del pollero. HabÃan logrado la primera parte, probablemente la más difÃcil. Pero eso no significaba que lo que venÃa era fácil; al contrario, trabajos malpagados, miedo a ser deportado, discriminación, hambre, soledad y un largo etcétera era lo que les esperaba. Pero para alguien que ha visto la muerte un par de veces, lo demás no es más que pequeños inconvenientes. Su ilusión es ver de nuevo a su familia, sus cuatro hijos y a su esposa que lo esperan en México, donde el tiempo se congeló desde que salió a buscar una nueva vida, para él y para los suyos.
Esta es la historia abreviada de uno de los millones de inmigrantes que deciden dejar todo y venir a buscar el sueño americano, que muchas veces termina siendo la peor pesadilla. Uno de los tantos que hacen que Estados Unidos sea lo que hoy es. Lavando platos, cocinando, recogiendo la cosecha o limpiando las casas de los mismos que quieren sacarlos de aquÃ, olvidando que aquà todos somos inmigrantes.
Por cierto, su nombre es Rafael.